Sant Ferran

  • Ubicación Sabadell
  • > Cliente Privado
  • Año 2018
  • Estado Construido
  • Categoría Arquitectura
  • Escala City
  • Equipo OUA: Jordi Artigas Masdeu (arquitecto), Oriol Serrat Genescà (arquitecto), Àlex Gómez Gili (arquitecto)

El uso de materiales poco utilizados en el ámbito residencial otorga singularidad al proyecto

Mínima expresión, máximo confort y detalles que marcan la diferencia son la seña de identidad de este edificio plurifamiliar de treinta y dos viviendas con aparcamiento en Sabadell. Situado en el límite entre el tejido residencial y el industrial de la ciudad, el bloque contrapone una peculiar selección de materiales con una composición muy racional. Revisamos el proyecto con Oriol Serrat, jefe del Departamento de Arquitectura de OUA.

¿Para quién está pensado el proyecto y cómo atiende sus necesidades?
El encargo viene de la mano de un promotor que quiere construir un edificio de viviendas de alquiler. Su objetivo es que la mayoría de las viviendas resultantes sean de dos habitaciones, con dos baños, y tengan una superficie controlada, para que el precio del alquiler pueda ser ajustado y asequible.

Teniendo en cuenta estas condiciones, se ha planteado un proyecto muy racional, buscando la máxima aproximación a los requisitos transmitidos por el cliente y la máxima eficiencia del conjunto, pero sin perder de vista la principal motivación del edificio: que aquellos que acaben viviendo en él estén a gusto.

¿Qué característica dota de identidad a la propuesta?
Se trata de un edificio residencial, pero situado en el límite entre una zona industrial y una residencial. Esto nos llevó a explorar materialidades más propias de edificios industriales, como es el hormigón, que se ha utilizado en varios formatos como elemento configurador de la fachada.

El edificio presenta fachadas bastante diferenciadas. ¿A qué responde cada una?
Se plantea que la fachada dialogue tanto con el edificio residencial con el que hace medianera como con el tejido industrial que nos encontramos a continuación. Así, el aspecto de cada fachada varía en función de la orientación de la misma.

La fachada norte goza de vistas a la Plaça del Treball y al macizo de Sant Llorenç del Munt, pero casi no le da el sol, así que hemos diseñado aberturas que van del suelo al techo y de pared a pared, de forma que prácticamente desaparece el límite entre interior y exterior, maximizando las vistas pero también la entrada de luz.

La fachada sur, en cambio, requiere más protección solar, y, por eso, hemos optado por aberturas con unas dimensiones más contenidas.

La fachada este, a causa de la proximidad con el edificio contiguo, se trata prácticamente como una testera, con unas aberturas mucho más acotadas.

La base del edificio también tiene una forma singular…
Las aberturas que hay en planta baja se esconden detrás de una especie de celosía configurada por la repetición de varias pilastras construidas con piezas de hormigón prefabricado que parecen las teclas de un piano. Este diseño otorga privacidad a las estancias de planta baja que dan a la calle, y también expresividad a este elemento de soporte del edificio.

¿Qué valor añadido aporta el cliente?
La confianza del cliente en el equipo redactor en cuanto a experimentar con materiales poco utilizados en el ámbito de las promociones residenciales fue clave para conseguir un resultado singular.